Reseña: La canción de Bêlit, de Rodolfo Martínez

Ficha técnica:
Título: La canción de Bêlit
ISBN: 978-84-16637-46-1
Páginas: 527
Autor: Rodolfo Martínez – Robert E. Howard
Editor: Sportula
Web editor: www.sportula.es
Reseñador: El Bárbarus

Reseña:

A quién se le ocurre, con casi cuarenta años de tecla a sus espaldas, meterse en este berenjenal. Escribir un pastiche de Conan en la era de los millenials, los youtubers y los influencers, cuando en literatura ahora lo que lo peta son las sagas interminables, la ficción igualitaria, el wordbuilding psicotrópico y todo lo que viene siendo la especulación comercial diversa. Que hasta se venden los libros con portadas de edición limitada a casi cuarenta lereles el ejemplar, oigan. ¡Portadas de edición limitada! ¡Como en la Marvel de los noventa! Y encima va el tío este y se atreve con uno de los momentos más icónicos del personaje: la saga de Bêlit. Habrá quien lo tache de blasfemo y se niegue a leerlo solo por principios. Si tal cosa ocurre, será una verdadera lástima. Porque se estará perdiendo uno de los mejores libros de Conan que se pueda echar al coleto.

Cierto es que a Rodolfo Martínez lo de tomar prestado un personaje y cocer sus propias historias no le viene de nuevas. No en vano, tiene a las espaldas cuatro novelas de Sherlock Holmes reunidas en un ómnibus bajo su propio sello editorial Sportula, con lo que se puede decir que sabía perfectamente lo que hacía. Supongo que no habrá muchos capaces de reconocer este libro como lo que es. Porque es pastiche, sí, pero sobre todo es una novela original y tiene más, mucho más de creación propia de lo que parece. ¿Pero de qué va toda esta movida, entonces? Os lo explico.

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Portada original del relato de Howard en 1934

La canción de Bêlit narra los tres años de vida, aventura, saqueo y matanzas que Conan vivió junto a Bêlit, la Reina de la Costa Negra. Y aquí viene el primer problema. El guionista Roy Thomas ya hizo lo mismo en «tiempo real» para los tebeos de la Marvel, allá por los años setenta. Su saga duró tres años de publicación y ha sido recopilada en este país en varios formatos de tapa dura. Con esto quiero decir que en nuestra piel de toro viene a ser como una historia mítica, intocable para el aficionado, y meterse con ella supone echarle pelotas al asunto. Además, por si esto fuera poco, la osadía no culmina ahí. Porque Martínez toma todo el texto de un relato original de Howard, publicado originalmente en 1934, y lo usa para dar comienzo y fin a su propia historia, la que de verdad quiere contar. La decisión es de esas que, sobre el papel, provocan su poco de recelo. Por suerte la resolución acompaña y los temores pronto se desvanecen. El experimento no es un monstruo de Frankenstein escrito de mala manera, aprovechando que la obra de Howard ha pasado a ser de dominio público en este país. Ni mucho menos.

Lejos de limitarse a servir un refrito de ingredientes howardianos, Rodolfo Martínez hilvana varias tramas paralelas y se divierte diseminando guiños, haciéndose preguntas, jugando con los personajes y rellenando lagunas. Os pongo un ejemplo muy tonto para no destripar nada. ¿Por qué los corsarios negros de Bêlit no son simplemente piratas? Howard usaba indistintamente los términos filibustero, bucanero, pirata y corsario para referirse a los piratas en general, pero no significan lo mismo. Dejo que cada cual se informe sobre los dos primeros, porque no son extrapolables a ningún otro ambiente que no sea el Caribe de la Era Dorada de la Piratería. Por su parte, los corsarios eran piratas, sí, pero con una patente de corso, documento que atestiguaba que luchaban para un país concreto, mientras que los piratas propiamente dichos luchaban contra todas las banderas por igual. Entonces… si los hombres de Bêlit, y por ende la propia Bêlit, eran corsarios… ¿qué país les había dado patente?

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Ilustración de Schultz para Queen of the Black Coast

La respuesta a esa pregunta es una de las agradables sorpresas que nos aguardan dentro de la tripa de este Conan patrio, así como algún que otro reencuentro con personajes secundarios de otros relatos de Howard, unos obvios, como el contrabandista Publio, mencionado en La hora de dragón, y otros no tanto. Por ahí asoman el Demetrio de El dios del cuenco o el Murilo de Villanos en la casa, sin ir más lejos, y su presencia está acompañada por una estupenda trama con Yezdigerd de Turán como principal foco de interés, otra que pone en juego el reinado de Estigia y una más que afecta a cierta secta de asesinos. Sumemos a todo eso la referente al propio Conan y la nueva explicación del origen de Bêlit, que es la más coherente de todas las versiones que he podido leer hasta la fecha, y veremos que no hay espacio para el aburrimiento. También podemos contar con la participación activa de Toth-Amón, el archienemigo de Conan (en el canon posterior, que no en la obra original de Howard) y, por supuesto, con el final trágico que todo el mundo espera cuando se trata de la Reina de la Costa Negra.

Puede que me esté haciendo mayor, porque, si bien el bastardo sanguinario que llevo dentro lamenta que la novela no muestre al menos una secuencia de abordaje tan detallada como me hubiera gustado, he de reconocer que he disfrutado como un cochino viendo el modo en que se desarrolla la relación entre Conan y Bêlit, así como leyendo aquellos (escasos, no teman) pasajes en los que ambos conversan, planean su futuro y sueñan con un mañana que, a poco que sepas a lo que vienes, sabes que les va a ser negado. Tampoco puedo por menos que admirar las pequeñas pero valientes decisiones que trufan todo este trabajo, desde las nuevas traducciones de términos y nombres que aquí se tienen ya por inamovibles (Jemi por Khemi, cimerio por cimmerio, Tot-Amón por Toth-Amón, etc.) hasta el propio concepto de la obra.

Hay algún defecto en la edición, como un cierto número de erratas de diversa consideración que pueden distraerte de la lectura si eres puntilloso (y yo lo soy), pero no bastan para hacer sangre ni empañar el conjunto, que en sí mismo es más que meritorio. Porque seamos francos. Esto nos viene firmado por un anglosajón y editado por Planeta y hacemos palmas con las orejas. Pero nos viene de la mano de un español que se lo guisa y se lo come solo, y los resultados son, supongo que serán, muy diferentes.

Dividida en cuatro partes que cuentan con su propia portadilla ilustrada en blanco y negro, la novela se hace en todo momento entretenida, está bien cohesionada con los fragmentos escritos por Howard y además ofrece cierto material adicional que es muy de agradecer, como los mapas ad hoc, el necesario ensayo sobre la Era Hiboria de Howard y una breve biografía de Conan a través de los relatos originales que podría ser una guía perfecta para un diseñador de partidas de rol sobre el personaje.

Por todo ello, La canción de Bêlit trasciende la mera condición de pastiche y va un paso más allá. Aquí no se imita; o se respeta escrupulosamente o se reinterpreta. Tampoco se busca que el resultado parezca una pieza escrita por otra persona, sino que se cuenta una historia con voz propia y toda la honestidad del mundo, exponiéndose a las comparaciones, los palos y la mofa del aficionado estrecho de miras.

Si estás pensando que Rodolfo Martínez podía haberse ahorrado el esfuerzo porque Poul Anderson, el mismo Poul Anderson de La espada rota y La saga de Hrolf Kraki, hizo también algo parecido en los ochenta con Conan el rebelde (número 62 de la vetusta colección Fantasy de Martínez Roca editada por Alejo Cuervo), lamento decirte que no es del todo exacto. Su novela está ambientada en el mismo periodo de vida del cimmerio, pero el argumento de la misma va por otros derroteros mucho más prosaicos y la presencia de Bêlit en ella es más bien testimonial. Así que puedes leerte tranquilamente esta porque no tiene nada que ver con aquella.

¿Era necesario otro «pastiche»? En realidad no. Estas cosas no se hacen porque resulten de una importancia capital para el devenir de los siglos, pero a su autor le apetecía y es exactamente lo que ha hecho. Al fin y al cabo es su propio editor y arriesga su tiempo y su dinero como mejor le parece. Si hay alguien que le vaya a criticar por eso, demuestra muy poco sentido común. Personalmente lo aplaudo y espero que tal cosa no suceda, aunque tampoco voy a ir por los mentideros para comprobarlo. Me basta con saber que, por calibre, volumen e importancia, La canción de Bêlit de Rodolfo Martínez está mucho más cerca de lo que ofrece una temporada de una buena serie de la HBO que de una mala copia de cualquier cosa.

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Imagen de Stephen Fabian para Black Coast

También está a años de luz de los pastiches de Conan escritos por Steve Perry o Robert Jordan (que era el esposo de la editora de Tor Books en aquellos entonces, dicho sea de paso) y muy por encima de casi cualquier cosa que los propietarios de los derechos de Conan han considerado digna de ser llamada canónica durante décadas. Buen sabor de boca que me llevo, sobre todo cuando me doy cuenta de que alguna trama ha quedado abierta y hay madeja de la que tirar, si los hados acompañan. Ojalá tenga suerte y el libro se valore y venda, porque de verdad que lo merece. Quiero más de esta mierda más pronto que tarde. Y si Crom no me escucha… ¡que se vaya al Infierno!

 

El Bárbarus

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