Reseña: Every Heart a Doorway

EveryHeart

¿Se puede aportar algo nuevo a las historias que beben de algún modo en los llamados «cuentos populares»? La obra que hoy nos ocupa es una prueba de que tal cosa es posible, de que se pueden mezclar en la coctelera elementos más o menos clásicos con otros de cosecha propia, agitar y verter en la copa de los lectores un combinado de sabor tan novedoso como fascinante.

Podríamos decir que Every Heart a Doorway es la historia de cómo viven los protagonistas de los cuentos de hadas al regresar a la realidad; o de qué sucede cuando el hogar donde moran (a medio camino entre escuela y centro de curación para jóvenes «fantasiosos») es escenario de una serie de asesinatos. Pero esto daría una imagen imperfecta de esta novela corta, merecedora del Nébula 2016 en su categoría. No encontraremos entre sus páginas reminiscencias de la serie de cómic Fábulas, ni una suerte de X-men Jóvenes Viajeros Interdimensionales . Tampoco una sucesión de guiños, aunque haya algunos. Esta novela ofrece algo más original, también más oscuro y fascinante, pues también los escenarios mitológicos o de película de terror están conectados en el nuestro.

A lo largo de la historia impera, además, una sensación de desarraigo. Desarraigo porque los jóvenes ven el otro mundo como su verdadero hogar; desarraigo porque muchos fueron expulsados de este y saben que no podrán regresar; desarraigo porque, aunque tengan la esperanza de volver a cruzar al puerta hacia esa otra realidad, saben que es muy posible que no vuelvan a encontrarla; desarraigo porque el viaje los ha cambiando para siempre, a veces incluso en lo físico, sobre todo en sus conductas (muy importante en este punto la novedosa caracterización de mundos que usa Seanan Mcguire). Desarraigo porque sus familias los rechazan, o los quieren y desean ayudarlos pero son incapaces de comprenderlos. Y desarraigo, en cierto modo, dentro de la propia escuela, y refugio, puesto que aquellos que han viajado por mundos oscuros es fácil que sean discriminados por sus propios compañeros.

Todo está retratado de una forma donde se mezcla lo tétrico con lo bello, creando un conjunto que atrapará al lector amante de lo fosco, fascinado por la hermosura de lo macabro, por lo sublime. La información referente al funcionamiento de los elementos fantásticos de la trama, o de los secretos que puedan ocultar algunos personajes, está bien dosificada. En ocasiones, el lector va descubriendo estos a la par que los personajes; por eso, al estar narrada la mayor parte de la historia desde la óptica de Nancy (alumna recién llegada), el comienzo pueda hacerse algo denso, pues la gente empieza a hablarse de conceptos que no domina, y con los que deberá ir familiarizándose.

Gracias a esta buena dosificación de las informaciones, la narración avanza sin tiempos muertos, creando en el lector interés por lo que sucede a los personajes, pero también por conocer más de esos mundos situados al otro lado de las puertas, o de las puertas mismas.

Otro de los puntales de la novela son sus personajes, tanto en calidad de grupo como a nivel individual. Como grupo su comportamiento es coherente con el modo en que les ha afectado vivir en esos escenarios fantásticos (aunque eso provoque que sus actitudes no siempre se nos antojen racionales) o los prejuicios y rencores soterrados que brotan a la superficie con la llegada de los asesinatos. Como individuos, a poco que tuviesen peso y voz en la historia, no encontré a ninguno que me dejase indiferente. Unos me resultaron antipáticos; otros, como la directora del centro o Kade, me generaron simpatía al instante y a otros les fui cogiendo cariño, aunque tuviesen un punto inquietante. Muchos me dejaron con ganas de profundizar en sus historias.

La diversidad (de la que hablaba el el artículo publicado hace unos días) es también otro de los puntos fuertes de la historia. Nancy, la protagonismo, es asexual; Kade un chico trans; la compañera de habitación de Nancy, de ascendencia japonesa… Esta variedad, lejos de parecer el resultado de una cuota o una moda, dota al componente humano de verosimilitud; ves a personas sumergidas en ese escenario fantástico y no a un conjunto de clichés o personajes manidos moviéndose por el mismo.

En resumen, una novela a medio camino entre lo oscuro y la fantasía, que podríamos considerar deudora de las versiones primigenias de los cuentos clásicos, atrapante y bien escrita. Méritos para haber ganando el Nébula los tiene, desde luego.

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