Del lado de lo extraño. Presentación

El vals de la araña

Pongamos que un día te despiertas con un hormigueo repentino en el brazo. Es una madrugada de verano y la ventana está abierta. Entra una brisa suave y te pica el brazo. Mucho. Muchísimo. Has notado un cosquilleo, un pellizco, un escozor. Enciendes la luz y te miras la zona afectada. Está enrojecida y comienza a hincharse. Por la sábana ves correr una araña. Sabes que no debes esforzarte: la araña escapa. Es una experta estratega, dueña de los rincones. Conoce la casa mejor que tú porque ha estado viviendo en ella de manera invisible, explorando huecos y rendijas, esquinas en el techo, el fondo profundo de los muebles. Hasta que una noche su instinto le ha dictado salir y mancillar tu brazo. Te ha invadido. Se ha hecho visible y corpórea. Se ha manifestado como se manifiestan los insectos: a traición. Ha infectado tu hogar —cómodo, pulcro y seguro— con su naturaleza extraña y ajena. Ya puedes encender todas las luces de casa y buscarla, no la encontrarás. Y, sin embargo, es muy posible que reaparezca, otra noche, de madrugada. Sigilosa.

Como la araña, la literatura fantástica es un insecto invasor. En sí misma lleva el germen del parásito, la naturaleza del bicho que de forma asquerosa perturba nuestra paz. El elemento fantástico aparece con sus pequeñas patitas cuando lo real no se lo espera. Para perturbarnos, inquietarnos, asustarnos. Para hacernos ver que hay otros mundos que no son el nuestro, pero que se asoman al nuestro con intenciones oscuras. La literatura fantástica lleva dentro de sí lo siniestro y viene a contagiarnos de toda su otredad. A hacernos suyos. A irrumpir como en ocasiones irrumpe en los estantes de las librerías, una intrusa entre los títulos de literatura de lo real, tan aceptada, tan normal, tan excelsa.

El Vals de la Araña nace para hablar de literatura de género en todas sus variantes, y lo vamos a hacer de una forma independiente y rigurosa. Amena. A veces loca. Porque creemos que hablar de género es necesario. Porque nos hemos rendido al sueño y la evasión, y el terror, la ciencia ficción, la fantasía o el pulp hace tiempo que nos llevaron por el mal camino, el camino tortuoso que atraviesa el bosque plagado de lobos. Asumimos el riesgo porque nosotras, como siempre, estamos del lado de lo extraño.

Para muestra valga un botón, y aquí os dejamos un poema escrito ex profeso por Jesús Fernández —gran escritor y mejor amigo— con motivo de la puesta de largo de El Vals de La Araña. Leedlo en voz alta con música de vals.

Hombre menguante
Fotograma de “El Increible hombre menguante”, dirigida por Jack Arnold.

EL VALS DE LA ARAÑA

Te quiero —y voy a comerte el corazón—.

Te envolveré en seda y satén

y bailaremos el vals de la araña.

De hilo en hilo y de hoja en hoja

danzaré a tu alrededor.

Mecido por el viento, besado por la brisa,

esa vieja magia moverá mis pies

mientras bailamos el vals de la araña.

Tómame de la cintura y pon mi corazón en un platillo

—rojo como la granada y fuerte como el jengibre—.

De estrella en estrella extenderemos nuestra tela

y bailaremos —oh, sí, bailaremos— el vals de la araña

por el tapiz de los cuentos y las historias.

Vamos, antes de que acabe el verano,

a tejer los sueños de mañana,

a atrapar besos, canciones y peces de plata.

Baila conmigo el vals de la araña

por el canto de los libros y el filo de las hojas,

donde el otoño siempre es algo que llega mañana,

y el mañana nunca es ahora.

Jesús Fernández.

En Córdoba, el 21 de abril de 2017.

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